Si me llegan a decir hace 5 años que iba a ablandarme y a querer tanto a una persona tan pequeña, diría que están locos.
Y a día de hoy sigo sin poderme creer que lo único que quiera en un mal día sea verle y que me de un abrazo de esos tan suyos y tan enanos.
Tengo un miedo atroz a que el tiempo pase, a que crezca, porque son tantos los planes que he ideado hacer a con él y para él, que el hecho de pensar que no se puedan cumplir todos me acojona.
El mismo miedo que tengo a que no se cumplan todas las expectativas que tengo a cerca de su futuro, porque si por mi fuera, será piloto, psicólogo, psiquiatra y hasta criador de caballos.
Que son tantas cosas las que deseo para su futuro, que tendrá que desdoblarse para llegar a cumplir todas.
Pero sin miedo, que mis expectativas no se verán revueltas porque decida ser lo que quiera ser.
Sólo espero, de todo lo que está planeando por mi revuelta cabeza, conseguir inculcarle la fascinación por la novedad, por los lugares, por la gente.
Y ahora mismo, a las seis y pico de la tarde del último martes de enero, sólo quiero abrazarle, que me coja la cara y me de un beso de gnomo de esos que hemos reinventamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario